Junio, 17

“Sangre y fuego.

Eres pecado capital,

eres el miedo del miedo,

el pecado original.

La palabra que me idiotiza,

viento que mi pelo eriza,

el silbato que me llama

a que siempre vuelva a ti.

 

La novena sinfonía,

el placer en la armonía,

Música, eres poesía.

Eres fuego a media noche.

 

Eres arte.

Eres tortura.

Eres ensueño.

Una escultura

por los dioses esculpida.

 

Por la luz del sol bañado,

siempre fuiste mi delirio.

Eres tú mi grito a voces.

 

Y es que cada vez que rompes

con tu voz este silencio,

caigo preso de tus labios.

 

Lucho por que no me robes

este corazón maltrecho.”

 

 

“Hoy pretendo devorarte.

Explorar al fin tu cuerpo.

Tú estrella será la brújula

que me oriente por el cielo.

 

Que tu aliento sea mi aire,

tus lunares sean mi espejo.

Espejo en el que mirarme,

reflejado en tus deseos.”

 

 

“La idea de poseerte me asusta,

por ello me conformo con mirarte.

Con saber que tú me miras de reojo.

Con soñar, en ese instante, con besarte.

 

Me asusta ver tu reflejo en mi pupila.

Me asusta no ser nada, defraudarte.

Me asusta perder tu mirada con la mía.

Me asusta que no dejes de asustarme.

 

Pasaré por tu vida como el agua, sigiloso,

haciendo surcos en la piedra que te atrapa,

con mi danza romperé algún día tu escudo,

con mi mano podre acariciar tu alma.

 

Y con calma a los ojos nos miraremos,

siempre con miedo a que, como Medusa,

con piedra mi piel confundas.

 

Miedo a no volver a ser el mismo tras el roce de tu piel,

miedo a no querer dormir acurrucado en otro pecho,

miedo de no encontrarte a ti en mi lecho,

miedo de que con tu hiel hieras mi cuerpo.

 

Miedo tengo de quererte y que no me quieras.

De matarme en ilusiones y esperanzas.

De buscarte ciegamente entre las sombras.

Y para ti no signifique más que nada.

 

Tengo miedo de perderme entre tus ojos.

De estar preso en la cárcel que es tu mirada.

De no volver a ver la luz del sol al alba.

Si no la encuentro en tus pupilas reflejada.

 

Me conformo con mirarte de reojo.

Soñaré con que te miro y no me ves.

Con acariciar tus sentimientos como

dulce melodía que acaricia tus oídos.

 

Con suma delicadeza apreciaré

tu delicada piel, cada centímetro.

Sin nunca más tocarte,

puesto que tu posesión yo no pretendo,

con tan solo mirarte me conformo.”

 

 

“Despierta en un camión

con rumbo desconocido

en plena madrugada.

Su voz por las paredes es ahogada.

Ignorado resulta su quejido.

Traicionado y asustado ha salido.

A un lugar que nunca ha visitado.

Se halla en un suelo jamás pisado.

Ignorando lo que es su propia condena.

El lugar en que su muerte se encuentra

este ser inocente, a su destino encadenado.

A él se acerca un hombre, desalmado,

de mirada llena de rabia,

clava un puñal en su espalda.

Está listo para divertirse,

la fiesta ya ha comenzado.

Pasa a una amplia habitación.

En ella hay un gran gentío.

El indeseable se acerca,

le mira cara a cara,

le reta.

 

En sus ojos los suyos clavados.

El herido no tiene huida,

solo puede matar o morir,

uno de los dos sentenciado,

solo uno de ellos saldrá con vida.

 

Aún apuñalado trata de resistir,

pero el agresor se encuentra más ágil,

aprovecha que él, herido, es frágil,

para poder obligarle a morir.

 

Gran público para un asesinato.

Cómplices vitorean esta tortura,

justificándola como cultura,

Miles de vidas arrebatadas

de una forma dura y cobarde.

Sadismo es la palabra, en mi opinión,

para definir matar por placer.

Y es que es con ideas como estas,

con las que hemos de pelear

y vencer.”

 

 

“Cristales me apuñalan

por la espalda,

atraviesan mi pecho,

cortan mis alas.

 

Un corazón maltrecho

porque tú lo maltratas.

Creí a tu pecho ser mi lecho,

todo cuanto di fue para nada.

En mi hoy arde una llama,

que me quema,

pero se apaga.

Muchas veces quise quemarme,

pues me quema tu mirada.

Mi cabeza anda confusa.

No pude recuperarme.

Ahora hasta querer me asusta.

No sé si quiero olvidarte.”

 

 

“No me queda más remedio,

miraré tus ojos pa’ perderme.

Sentir al verte un incendio,

tu piel me calcina en tu juego.

 

En el vaivén de tu dedo por el cielo

buscando la estrella que más brilla,

tu cuerpo en mi se funde como el fuego

cuando nos miramos y tiramos la cerilla.

 

Y junto a ella tiramos los miedos.

durmiendo siempre al lado de tu orilla,

sintiendo como atraviesas mi corazón,

aunque tú creas que pasaste de puntillas.”

 

 

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