Julio, 16

“El silencio se torna duro,

nos persigue y nos señala

como a dos desconocidos

que se evitan la mirada.

Que juran no haber sentido

el fuego que les quemaba,

del querer, de haber querido.

 

No me mires.

No me mires si no me tocas después.

Si no vienes a beber de mis labios.

 

Si no vuelves a morir entre mis brazos.

Si no lo piensas hacer, entonces, no me mires.

Pues me perderé de nuevo en tus pupilas

y en ellas quedaré atrapado.”

 

 

Volveré…

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