Julio, 26

“Eras mi perdición,

no yo la tuya.

No quiero verte,

déjame que huya.

Que cierre mis heridas,

que me reconstruya.

Tragaré amargo el antídoto,

Al igual que tragué el veneno.

 

El que tu palabra inocula,

el que corrió por mis venas.

Me quitó el aire, qué tortura.

Él jugó a quitarme el sueño.

 

A hacerme rozar la locura.

A hacer de mi mente la suya.

 

Tú jugaste a ser mi dueño

pero yo atravesé el duelo.

Mal que eternamente dura,

mal que no tiene consuelo.

 

Amor que todo emponzoña.

Amor que todo ensucia.

Amor que quita el aliento.”

 

 

 

“Tú, que te cubriste de luz,

solo eras sombra.

Y me entregaste a esta,

Y fuiste mi ataúd.

 

Anulaste mi pensar,

muy a mi pesar.

Solo ante este mar,

que siempre fuiste tú.”

 

 

“Necesito salir, correr, gritar.

Tirar esta pared,

desaparecer.

 

Pararme a pensar.

Contar hasta diez.

Olvidar al mundo.

 

Que pare este vaivén.

Pasar la vida en coma.

Bajarme del tren.

 

Que calle al fin tu boca,

que pare de una vez.”

 

 

“Da marcha atrás al reloj,

al que nos pisa los pies.

Dale la vuelta a este sol,

pues hoy no nos deja ver.

 

Siento que me parto en dos

y que nada puedo hacer.

Ya no lo puedo evitar,

me va a arrollar este tren.

 

Estoy a oscuras y no,

juro que no puedo ver.

Si tengo en frente a un león,

¿cómo lo puedo saber?

 

Noto su aliento en mi piel

y siento que fue un error,

Fue un error volverte a ver,

haber pensado en los dos.

 

Volver de nuevo al ayer,

a cuando fuimos tú y yo.

El reloj toca las tres

y ya no queda vino.

 

No sé si te fuiste tú

o si nos fuimos los dos.

Nos separó el camino

con gran exactitud.”

 

 

“Como el sol me quemas

cuanto más te acercas.

Si te alejas vuelve el frío

y tu corazón, que era mío,

no soporta esta condena.

La condena de mirarte de reojo,

la condena de respirar por tu boca.

Estar atado a ti por esta soga,

es la condena de por ti volverme loco.

 

Y es que no hay mayor condena

que la de ser preso de tu mirada,

de no querer soltarme de tu mano,

de con la mía acompañar tu puñalada.

 

Juro que hasta la puñalada extraño,

pues me muero por el roce de tu piel.

Aunque por ella me encuentre con mi destino.

Aunque por ella mi destino sea morir.

Quiero entregarte para ti mi último aliento.

Haz con el lo que quieras, no lo quiero.

Pues no tiene remedio mi enfermedad,

pues no tiene cura tu veneno.

 

Tu presencia es lo único que anhelo

cuando es de noche y la soledad me encuentra.

Volver a sentir en mi oreja tu aliento,

un soplido capaz de barrer mis penas.”

 

 

Volveré…

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