Agosto, 4

“Tus dedos se clavan en mi espalda.

Y me duelen, y me apuñalan.

Sangro cada vez que respiras

Para mí cada suspiro

es como una cuchilla

que, sin pensar, me clavas.

 

Tus ojos son la luz a la que sigo

y, si alumbran a un precipicio,

saltaré de buena gana.

 

Y si tus ojos algún día

apuntasen a tu cama,

lo tengo claro, lo haría sin miedo.

 

Me arrastrarías,

soy como un triste muñeco.

Cuanto te mueves, me atrapas.

 

Me muero por tus besos

y aunque nunca te lo diga,

el morir por ti me mata.”

 

 

“La tarde cae y caigo yo con ella.

En la oscuridad de la noche

los fantasmas me persiguen.

 

Los remordimientos resurgen

y amenazan con ahogarme.

Noto una presión en mi pecho,

una mano que pretende destrozarme.

 

Mis costillas aguantarán todo este peso.

Saldré herido, pero podré recuperarme.

Pienso en el tiempo, noto que me falta el aire,

Y no respiro, para parar lo imparable.

 

Cada día anochece más temprano

y con la pérdida del sol vuelve el invierno.

Y con este llega el frío más inhumano

amenazando con partir en dos mis huesos.”

 

 

Volveré…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s